Por Eduardo León García | @ochovenad0
(julioastillero.com) .- Si revisamos la serie de Netflix Narcos: México, nos encontraremos en las primeras temporadas una institución que colaboraba con capos como Felix Gallardo o Caro Quintero. Llevando a esta corporación policiaca fuera del universo de la serie, nos encontramos con una muy parecida: la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Esta ha ganado un lugar en el debate público en los últimos años por la contrainsurgencia de los años setenta y los crímenes de lesa humanidad, pero también por su involucramiento en negocio de las drogas.
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A partir de esto, me interesa adentrarme en sus prácticas y escándalos relacionados con actividades ilegales relacionadas al crimen organizado
LA DFS
La Dirección Federal de Seguridad fue un servicio de inteligencia que ayudó a que el régimen priista se consolidara en el poder. Fue fuente de apoyo eliminando a los opositores políticos con prácticas que desafortunadamente siguen siendo usadas como las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, todo bajo la idea de atender a cuestiones de seguridad nacional.
Vigilaban hospitales, escuelas, oficinas, sembradíos y otros lugares donde se congregaba la sociedad civil; aunque también se adentraron a espacios que involucraron a actores y agrupaciones criminales, a los cuales terminaron protegiendo a cambio de sobornos, sin aplicar la ley. Algunos autores sostienen que estas prácticas fueron llevadas por “agentes descarriados”, sin embargo, esto funcionó en todos los niveles, con casos de directivos acusados de corrupción e involucramiento directo en negocios ilegales.
Desde los primeros años de la DFS (fundada en 1947) hay registro de su involucramiento en actividades criminales, aunque autores como Benjamín Smith y Adela Cedillo resaltan que esta institución obtuvo el control del trasiego de drogas durante los años setenta y principios de los ochenta gracias a operaciones con la pretensión de erradicar cultivos de marihuana y opio, así como de capturar traficantes. Por el contrario, permitieron que la DFS controlara el mercado drogas: decidían quién sembraba, quien traficaba y quién podía estar dentro del negocio.
No fue hasta 1985 que la corrupción de la institución alcanzó un nivel mediático. Un agente de la DEA, de nombre Enrique “Kiki” Camarena investigaba el tráfico y sembradío de drogas en el país, sin embargo, en febrero fue secuestrado, torturado y asesinado. La DA lanzó una operación para hallar con los responsables y defendieron la idea que los responsables habían sido agentes de la Policía Judicial de Jalisco, pero sobre todo a agentes y directivos de la Dirección Federal de Seguridad.
Esto ayudó a construir un panorama de crisis para la institución. La DEA consideraba que la DFS no seguía sus políticas para la lucha contra las drogas, por lo que ejercieron una presión al gobierno mexicano para que se alinearan con ellos; por su parte surgieron diversas críticas por la corrupción y la necesidad de modernizar los servicios de inteligencia, por lo que en el mismo año se disolvió la agencia, de la cual surgió Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional (DISEN). Esto desató un nuevo problema: la lucha entre las diversas instituciones y privados por controlar el negocio de las drogas.
A modo de cierre, podemos decir que la DFS nos da cuenta del involucramiento de instituciones gubernamentales en actividades criminales, pero también nos permite pensar una continuidad igual de compleja.
